martes, 22 de marzo de 2016



LAS SIETE ESTRATEGIAS DE LA REVOLUCIÓN CIUDADANA PARA DESTRUIR AL PAÍS.

Crnl. ® Mario R. Pazmiño S.
Artículo Publicado en el libro “Análisis de las repercusiones del Socialismo del Siglo XXI en la región.”

Luego de un largo camino de inestabilidad política y con el apoyo de grupos de izquierda y organizaciones indígenas, así como de partidos nacionales y extranjeros que cobijan en sus banderas los principios socialistas, Rafael Correa es proclamado como Presidente del Ecuador, tomando posesión en enero del 2007 e iniciando así un proceso de transformación fatal del Estado.

La estrategia a seguir sería la misma que se venía empleando en otros países bajo este modelo totalitario; comenzaría primero por crear una Constitución hecha a su medida y posteriormente controlaría todas las funciones del estado, pues para estos caudillos el control del poder total es todo. El ex presidente Osvaldo Hurtado en su libro “Dictaduras del Siglo XXI el caso Ecuatoriano” describe con claridad esta toma sistemática del poder.[1]

“Una vez que los autócratas del siglo XXI recibieron las amplias atribuciones que les otorgaba la nueva constitución, a través de dóciles órganos legislativos, del veto presidencial o de poderes habilitantes, armaron un enjambre de leyes en cuyas redes mantienen atrapadas a las instituciones democráticas. Mediante el sometimiento de las funciones Legislativa y Judicial y de los órganos de control, conformaron un sistema de dominación política, económica, social, electoral, cultural y comunicacional, del que se han valido para eternizarse en la presidencia y perseguir, apresar, exiliar, silenciar amilanar a críticos y opositores, a fin de que no pueda emerger ninguna alternativa política”.
Consolidado su dominio e influencia en todos los órganos del poder del Estado, la segunda etapa entraría rápidamente en vigor. Los seguidores de Heinz Dieterich han tildado de poderes fácticos a los medios de comunicación. Estos han representado el gran botín para el Socialismo del siglo XXI en la presidencia de Rafael Correa. Los mal llamados medios públicos no son otra cosa que   sistemas de comunicación al servicio del Estado en donde se genera una propaganda permanente a favor del proyecto y de su caudillo, intentando y logrando en ocasiones una imagen trastocada de la realidad para que los ingenuos espectadores crean que la Patria ya es de todos.

Repitiendo una y mil veces las mentiras, al más claro estilo del nazista Goebbels, han logrado manipular la mente de los ciudadanos y los órganos de control para brindar una imagen de transparencia, rectitud, honestidad y sobre todo la imperiosa necesidad de mantener a su caudillo como el ungido, el redentor y el salvador de un país que estaba en el abismo y que con la revolución ciudadana ha resurgido como el ave fénix.

Este totalitarismo cobijado sobre una fachada de democracia participativa extendió sus tentáculos a todos los estamentos sin respetar ninguna independencia de las funciones del estado. En este punto cabe citar las expresiones de Rafael Correa, cuando en la sabatina del 7 de marzo del 2009 en el coliseo Abel Jiménez Parra, manifestó:

“… porque el presidente de la República, escúchenme bien, no es solo el jefe del Poder Ejecutivo, es jefe de todo el Estado ecuatoriano y el Estado ecuatoriano es Poder Ejecutivo, Legislativo, Judicial, Electoral, Transparencia y Control Social, Superintendencias, Procuraduría, Contraloría, todo eso es el Estado ecuatoriano”. ¡Ignorancia crasa o desmedida ambición!
La tercera etapa del socialismo de la revolución ciudadana tiene como base la confrontación social entre clases; mientras más fragmentado y enfrentado se encuentre el pueblo existe mayor posibilidad de que este germen ideológico se implante en una sociedad. En el Ecuador del siglo XXI, según el gobierno, todo lo anterior llamado neoliberalismo está mal; las estructuras políticas representan la famosa partidocracia; los medios de comunicación son la prensa corrupta; los banqueros y empresarios son los explotadores sociales y todos los que están en contra de este remedo de proyecto ideológico son los poderes fácticos que conspiran contra el Estado.

Se habla de una democracia igualitaria con acceso a todos los beneficios del estado central, ¿pero existe verdaderamente esa igualdad que pregonan, o es solo un canto de sirenas para embaucar a los incautos? Citemos algunos ejemplos: el gobierno central se ha empeñado en desarrollar la vialidad en el país, sin embargo las arterias secundarias, en donde se encuentra los generadores de producción, continúan en el mismo abandono de todos los gobiernos. En el campo educativo se reformuló el acceso a los centros de enseñanza generando graves problemas, pues el Estado es el que decide qué carrera se debe seguir, frustrando las aspiraciones de miles de ciudadanos. El área de la salud, otro referente de este proceso de “reconstrucción”, ha caminado con paso lento, debiendo reconocer que la campaña Manuela Espejo, si bien levantó un verdadero censo de las personas discapacitadas a las que se les brindó un apoyo logístico y económico, es una muestra de la desvalorización de los profesionales ecuatorianos de la salud, pues este gobierno que   pregona diariamente el eslogan “La Patria ya es de todos”, trajo tecnólogos cubanos para que realicen este empadronamiento , como que si no existieran el número suficiente de profesionales para ejecutar esta elemental tarea. En el campo legal y de fiscalización, el país ha visto con ojos atónitos como se han exculpado a un gran número de funcionarios corruptos y se ha condenado injustamente a otros ciudadanos que no comulgan con el Socialismo del siglo XXI, acusándoles de traidores a la patria, terroristas, conspiradores etc…

La cuarta estrategia es el debilitamiento de las Fuerzas Armadas y Policía Nacional. En este contexto hemos visto cómo violentando la Constitución se han asignado nuevos roles institucionales, se han quitado competencias, se ha reducido el personal, se han enajenado bienes, etc. El objetivo de esta estrategia es crear una Fuerza Pública politizada y convencida para la defensa de este proyecto político. También es necesario mencionar la conformación de los denominados CDR (Comités de Defensa de la Revolución) o milicias partidistas que tienen como misión la defensa del proceso revolucionario, similares a los comités de Cuba, Nicaragua, y a las milicias bolivarianas en Venezuela.

La quinta estrategia de Rafael Correa radica en generar una imagen internacional de un país que salió del estancamiento y viaja a la modernización sin importar el endeudamiento que se tenga que realizar. En este país como lo describe el periodista Francisco Febres Cordero en su artículo titulado “El Milagroso” del 18 de mayo del 2014; “Recorre el mundo predicando el milagro ecuatoriano y, con su palabra, hace que los ciegos oigan, los sordos vean, los mudos caminen y los paralíticos coman…”
Luego de siete años de desgobierno de la mal llamada revolución ciudadana y después de su descalabro electoral en la contienda política del 2014, donde el pueblo inició un despertar que genera la pérdida en las urnas de las principales y más importantes ciudades del país, consideradas por Alianza País como bastiones de esta corriente ideológica, surge la preocupación en sus filas, quedando al descubierto que no hay líderes internos que gocen de la simpatía popular y que toda la maquinaria electoral la realizan bajo la égida de un solo autócrata, Rafael Correa Delgado. 

 El proyecto comenzó a debilitarse por lo que es necesario aplicar la sexta estrategia: la reelección indefinida, mediante la cual se materializaría la violación de la Constitución y la destrucción de la democracia, logrando la permanencia en el poder con el control y auspicio de todos los poderes del Estado.

Con estos espurios mecanismos de sumisión y control total, es necesario ampliar el nivel de influencia traspasando las fronteras y promoviendo la séptima estrategia del Socialismo del siglo XXI, la presencia internacional, que consiste en coronarse como el referente y portavoz de la región. No importa cuál sea el país o la injerencia en asuntos internos y soberanos de otros gobiernos, el objetivo es que lo reconozcan como el personaje que abandera la lucha contra el imperialismo, la partidocracia, la descontextualización de la realidad histórica del continente, el combate a los poderes fácticos representados por los medios de comunicación, el adalid de los derechos humanos, el irrespeto a los organismos internacionales y sus decisiones jurídicas o la reencarnación de personajes históricos, sin que para ello no escatime utilizar frases de terroristas asesinos como el Che Guevara, quien siempre terminaba cada ejecución o discurso con su eslogan, “ hasta la victoria siempre”.

Este es el país del Socialismo del siglo XXI llamado Ecuador, el país de la destrucción de la democracia, las libertades, los derechos, el país de la persecución a quien opina diferente, el país en donde los jueces esperan el veredicto desde otras instancias para poder hacer justicia, el país en donde no importa a cuantas generaciones dejemos endeudados para satisfacer compromisos económicos nefastos, aduciendo un cambio en el desarrollo nacional, sacrificando a pueblos y territorios ancestrales protegidos mediante acuerdos  internacionales. Este es el país en donde, por un lado criticamos a transnacionales petroleras que depredaron el medio ambiente y, por otro lado, destruimos la única reserva de biodiversidad más grande del mundo, a cambio de unos cuantos barriles de petróleo que no se quedan con el pueblo sino que se los comercializa con el imperialismo chino por treinta monedas de plata.

La pregunta que surge es, ¿qué hacer como latinoamericanos? La respuesta es muy difícil y las soluciones tienen que ser abordados por cada país en donde las sociedades tendrán que escoger entre seguir de esclavos del Socialismo del siglo XXI o iniciar un proceso de liberación; caso contrario veremos un baño de sangre en el continente que ya comenzó en Venezuela y que recorrerá desde México hasta la Patagonia.



[1] Hurtado, Osvaldo, “Dictaduras del Siglo XXI el caso Ecuatoriano” Quito, Paradiso Editores, 3ª ed, 2013, pp, 11

sábado, 19 de marzo de 2016



LA PAZ COLOMBIANA QUE INQUIETA A ECUADOR

Crnl.® Mario R. Pazmiño Silva

El conflicto colombiano está llegando a su fin, según lo anuncia el gobierno del presidente Juan Manuel Santos, hecho que toda la comunidad internacional celebra, porque significa el cese de las hostilidades, donde el único afectado ha sido pueblo. Pero, ¿qué implica para Ecuador este proceso donde hemos visto un sinnúmero de altibajos en el cual no solo las partes involucradas participaron, sino también otros países, organizaciones internacionales y actores políticos?

Primero hagamos un rápido recorrido sobre las FARC-EP: nacieron en las montañas de Marquetalia, con una visión de transformación político-social amparada en las consignas ideológicas de un socialismo que para aquella época estaba en su apogeo. Su accionar subversivo rápidamente le hizo dejar sus ideales de cambiar el país e ingresar en la epidemia global del narcotráfico. Sus cinco décadas de existencia ha sido nefasta, por los miles de muertos, heridos, secuestrados, desplazados y porque hundió a Colombia en la violencia, la inseguridad y el temor colectivo. Ese es el legado de este grupo que jamás tuvo intenciones de entregar las armas para incorporarse a la vida pública y política de una sociedad que reclama por la barbarie de sus actos.

Luego del periodo presidencial de Álvaro Uribe, su ministro de Defensa, Juan Manuel Santos, uno de los más acérrimos enemigos de esta organización narcoterrorista, asumió la Presidencia, y cedió posiciones, para plantear un proceso de paz, que permita terminar una guerra que no tendrá vencidos ni vencedores.

El legado para el Ecuador tampoco es halagüeño: el frente sur de las FARC-EP, que se encuentra operando en los departamentos de Putumayo y Nariño, frontera con nuestro país, constituye la estructura narco delictiva que más aporta económicamente al secretariado de la guerrilla, producto de la comercialización de cocaína con los carteles mexicanos y venezolanos. Es por eso que en el 2008 el secretariado comisionó a alias Raúl Reyes para que se haga cargo de estas estructuras y las encause hacia la lucha armada, pues ya no combatían por sus ideales sino por las ganancias que generaba el tráfico de drogas y en donde participaban desde los comandantes de columna hasta el último guerrillero.

El presidente Santos plantea como solución la incorporación de los guerrilleros a la vida pública de su país, la entrega de sus armas, la liberación de secuestrados, el cambio de plantaciones de coca por sembríos de productos tradicionales, subsidios, seguridad etc. La propuesta es bastante ambiciosa pero no es práctica, peor realista, porque existe en la actualidad varias generaciones de guerrilleros que consideran al narcotráfico como su modo de vida y sus recursos económicos como normales. Jamás entregarán sus armas y peor aún sus plantaciones, laboratorios y cristalizaderos.

Ante este escenario, Colombia muy probablemente iniciará una presión militar para eliminar los rezagos de este grupo que no quieran incorporarse a la sociedad.  Si existe una presión militar, estas estructuras narcoterroristas buscarán refugio en las zonas fronterizas, donde desde hace muchos años desarrollan una infiltración permanente a vista y paciencia de las autoridades locales, mientras la población mira con desconcierto como la frontera va cambiando su cotidianidad.

Nuestro país no está al momento en capacidad de hacer frente a estos desbordamientos de varias columnas guerrilleras, más aún cuando el estamento político ha iniciado un proceso de politización y fraccionamiento de nuestras gloriosas Fuerzas Armadas. Pasarán algunos años para poder equiparar y combatir este flagelo, sin embargo, uno de los actores del proceso de paz colombiano, las FARC-EP ya estará conviviendo en nuestro país con las nefastas consecuencias que esto implica.

A corto plazo, en Ecuador comenzarán a operar estas narco-estructuras, por lo cual existirá no solo el problema de combatir una guerrilla externa, sino también la proliferación de cultivos, centros de procesamiento y distribución sin descartar el clima de terror y violencia social que se desatará.

         

martes, 8 de marzo de 2016



¿La Cúpula Militar defiende al país o un partido político?

Crnl. ® Mario R. Pazmiño S.


 “Cuando la Patria está en peligro todo está permitido, excepto no defenderla” No hay mejor frase que esta, la del Gral. San Martín, para iniciar una reflexión muy importante en estos días, en donde los intereses personales están por encima de los principios éticos y morales que deberían adornar a un militar.

Es verdad que los soldados vivimos de tradiciones y simbolismos, por eso, para nosotros, el juramento de defender nuestra Patria es lo más sagrado. Defenderla no solo significa su soberanía o su integridad territorial, implica también velar por nuestros conciudadanos, defender sus derechos y sus libertades, los principios democráticos y la Constitución vigente.

No es misión de un soldado defender una ideología trastocada, como la del Socialismo del siglo XXI, o a un partido político o a un caudillo populista. Hacerlo implica la destrucción de la democracia, convertir a nuestras gloriosas Fuerzas Armadas en milicias partidistas o fuerzas de choque que atenten contra nuestro pueblo.

La obediencia ciega de las órdenes no exime de responsabilidad. Algunos creen que por ostentar un grado y un cargo pasajero dentro del mando militar e inclinar su cerviz ante el dictador les librará del escarnio popular, institucional y nacional, pero están equivocados.  Serán una deshonra permanente para las Fuerzas Armadas, que les confió su destino y su tradición, y para ellos mismos por permitir que las humillen, las vejen, manteniendo un indolente silencio y con la mirada al piso.

Líder no es quien adula a sus jefes y sirve de alfombra para que pisoteen a la institución que juraron defender. Es líder quien vela por sus compañeros y sus subordinados, quien se preocupa por su bienestar y si fuera del caso pone a disposición su puesto y sus prebendas por su institución; a esa persona sus soldados lo siguen, sin que esté en servicio activo o pasivo; ellos saben que jamás los va a traicionar.      

Un mando militar que pisoteó su institución para cobijarse bajo el estandarte de un partido político no merece portar el uniforme de este Ejército vencedor; sus acciones serán juzgadas y las generaciones venideras los colocarán como referente de lo que es anteponer los beneficios personales antes que los intereses nacionales. 


Un general que pide disculpas en el casino de un recinto militar al supuesto “comandante en jefe”, cuando no pudo defender y permaneció callado mientras en su propia casa humillaba a su Institución y compañeros de armas, no es digno de llamarse Comandante General. Los militares sí vivimos de tradiciones y simbolismos, pero sobre todo llevamos impregnado en nuestras mentes y corazones ese tricolor sagrado que flamea por una Patria más digna y equitativa, de derechos y libertades para nuestros compatriotas.

viernes, 26 de febrero de 2016

¿EL NACIMIENTO DE LA MILICIA CORREISTA?
Crnl. Mario R. Pazmiño S.
La arrogancia de quien funge como Ministro de Defensa se manifiesta cuando expresa disparates como el siguiente: “Los militares no están preparados para cuidar a las personas e incluso al Presidente de la República”. Es evidente que el funcionario de marras pretende minimizar el nivel profesional de los miembros de las Fuerzas Armadas Ecuatorianas.
En nuestras escuelas de formación se han preparado alumnos de diferentes países e instituciones, por ser consideradas de las mejores de la región. De igual forma, por esta institución han pasado hombres valientes que no han dudado en entregar su vida por precautelar la seguridad de su protegido, como es el caso del Sr. sargento Jaime Quinga, quien murió baleado en el nefasto episodio de Taura, resguardando la vida del entonces Jefe de Estado. A lo largo de los años se ha dado un sinnúmero de reconocimientos por parte de diferentes Presidentes, autoridades civiles y religiosas a nivel mundial, que han sido protegidos por nuestros esquemas de seguridad. Entonces, ¿cuál es el trasfondo de las declaraciones del arquitecto Fernando Cordero?
A lo largo de nueve años, el gobierno ha demostrado que tiene una idea totalmente tergiversada del concepto de lealtad, a la que confunde con obsecuencia y sumisión. Por eso, quizás ante el temor de que las Fuerzas Armadas no responden a esa sumisión que se les quiere inculcar, ahora se quiera estructurar una fuerza de choque, algo parecido a las milicias bolivarianas que combaten cualquier señal de disidencia contra el gobierno venezolano. Tal vez el gobierno aún no ha entendido que las Fuerzas Armadas no están para defender sus intereses políticos. Es evidente que la administración de Rafael Correa tiene sumido al país en una grave crisis socio – económica, principalmente por el manejo ineficiente y negligente de los recursos del Estado. A lo mejor, la posibilidad de un gran estallido social los tiene atemorizados.  
Ejemplos de improvisaciones ya se han visto durante esta autodenominada “revolución ciudadana”, como cuando crearon una estructura incompetente llamada SENAIN, que durante los hechos del 30 de septiembre de 2010 se encontraba tomando café y recibiendo cursos, mientras su “comandante en jefe” pedía a gritos que lo maten en una ventana del Regimiento Quito.
Al arquitecto Fernando Cordero habría que enseñarle que la capacitación no se la hace con un decreto, sino que es una especialización, previa rigurosa selección de los candidatos. Me da profunda pena ver como un tema tan importante para el país, está en manos de incompetentes, que emiten comentarios sin tener un mínimo conocimiento del asunto.  Las palabras del arquitecto Cordero constituye otra gran ofensa para las Fuerzas Armadas.
También sería bueno recordarle al gobierno, que el jefe de seguridad de la Casa Presidencial fue el general Luis Castro, actual Comandante General de la Fuerza Terrestre, lo que implica, según lo dicho por el arquitecto Cordero, que este alto oficial era un incompetente y ganaba sueldo sin estar preparado para cuidar al Presidente.

Si nuestro mandatario fuera un estadista, no requeriría de una guardia pretoriana para movilizarse, porque estaría seguro de que su pueblo lo respeta. En lugar de dar declaraciones fuera de lugar, sería mejor que el gobierno tome el ejemplo de su coideario, José Mujica, y deje de seguir despilfarrando los recursos del pueblo. Recuerde el arquitecto Cordero y el resto del gobierno, que ya están de salida y que les falta poco más de un año para que empiecen a ser fiscalizados.   

lunes, 24 de agosto de 2015

Triunfó la desunión

Triunfó la desunión 

Crnl. Mario R. Pazmiño Silva

El gobierno de Rafael Correa ha manejado muy bien los escenarios políticos y a los actores sociales a lo largo de su administración y en las protestas de los últimos tres meses. Esto le ha permitido fraccionar cualquier intento de unidad y manipular a las organizaciones sociales e indígenas para que confronten entre sí, mientras él ha corregido y fortalecido su posición.

Parte de su estrategia son sus discursos incendiarios, en los que llama traidores a sus principios a quienes intentan acercarse y consolidar posiciones comunes. Ejemplos: ha dicho que Guillermo Lasso financiaba las marchas, que Jaime Nebot apoyaba el paro, que los indígenas le hacían el juego a la derecha, que la marcha era una fanesca ideológica y que eran las mismas fuerzas que destruyeron al país quienes se juntan para generar “un golpe blando o un proceso de desestabilización”.

Esta estrategia de desinformación y fraccionamiento ha provocado la inocente respuesta de las organizaciones indígenas y sindicales, que se han dedicado a marginar a otros actores sociales que han resistido las arremetidas del ejecutivo sin ceder. A ellos se los ha dejado de lado por no ser indios o sindicalistas, con lo cual renuncian a la razón de ser de la protesta: la reivindicación nacional. Esta no es una lucha ideológica, es de todos, sean de izquierda, de derecha, indios, mestizos, blancos, negros, pobres, ricos, hombres, mujeres… quienes quieren salvar lo que queda de este país.

Los dirigentes indígenas y sindicalistas que se instalaron en el parque del Arbolito pidieron a los quiteños que se sumen a sus reclamos, pero que solo lo hagan los de izquierda, porque los otros no eran bien vistos. Parecería que ellos olvidaron –y que el presidente Correa se los ha recordado en varias ocasiones- que en las últimas elecciones alcanzaron el 2% de la votación nacional y que, además, Correa se hizo eco de parte de su discurso y de su estructura organizativa para alcanzar el poder.

Es hora de madurar como sociedad y también políticamente, de poner los pies sobre la tierra: ningún movimiento político, cualquiera que sea su ideología, va a poder sentar al gobierno a negociar, porque perdió estratégicamente un elemento esencial: la Fuerza, que se logra con la unidad.

La conclusión de esta protesta, que fue anunciada con bombos y platillos, es que triunfó la desunión y que el gobierno se fortaleció, por el sectarismo de algunos dirigentes que creyeron que por ser de izquierda van a cambiar el país.


Ecuador no cambiará y este gobierno se consolidará a nuestro pesar si no entendemos que la resistencia no puede tener una bandera ideológica y que solo la unión es la estrategia viable.  Hay que romper con estos paradigmas, caso contrario se seguirá haciendo el juego al gobierno, que maneja con habilidad “el divide y reinarás”.

domingo, 9 de agosto de 2015

“Un pueblo fraccionado y desinformado”, la estrategia de Correa

“Un pueblo fraccionado y desinformado”, la estrategia de Correa

Mario R. Pazmiño Silva

“Divide y reinarás” decía Nicolás Maquiavelo en su libro El Príncipe y eso es justamente lo que hace Rafael Correa en el país. Para este gobierno de la supuesta revolución que refundaría la Patria, no podemos llamarnos ecuatorianos sin primero identificarnos a qué corriente ideológica pertenecemos (izquierda, derecha o centro). Esta división es fundamental para enfrentar a la sociedad entre sí, mientras el gobierno busca alternativas para paliar la crisis económica y social que existe.

Con el aparato propagandístico gubernamental que está en funcionamiento es fácil culpar a la partidocracia de todos los males habidos y por haber del país y no mencionar que Alianza País lleva casi nueve años en el poder. 

La estrategia de Rafael Correa, un caudillo populista mal llamado socialista, entonces, es el enfrentamiento entre ricos y pobres, indios y mestizos, militares, policías y pueblo, costeños y serranos, izquierda y derecha… Todo grupo social que presente un indicio de discrepancia con la política gubernamental tiene necesariamente que ser dividido.

Correa, sin duda, ha dividido al movimiento indígena y a la oposición. Les ha insultado y descalificado, pero también ha creado organizaciones paralelas para desmovilizar a sindicatos, maestros, estudiantes, jubilados, médicos, militares y policías..., pero también para intentar generarse más apoyo. ¿Acaso no hemos visto los llamados desesperados para que le defiendan de un supuesto golpe blando, de intentos de derrocamiento y conspiraciones maquiavélicas? 

Este triunfo de Correa también es responsabilidad de los ecuatorianos. Hemos caído en el juego de poner por delante nuestras diferencias ideológicas. Antes, lo primero era nuestra Patria, nuestro Ecuador, en donde nacimos, el país que nos cobijó.

Somos testigos de la destrucción de nuestro país, de ahí que es imperioso dejar esas divisiones que nos separan y pensar en salvar lo poco que nos queda, desde una perspectiva nacionalista.  Esto implica definir nuestros objetivos y prioridades como país.

Para ello, los partidos políticos son importantes, a través de ellos construimos la democracia, recogemos los criterios diversos de una sociedad, los procesamos.   Es el momento de unir fuerzas y no desunir, de extender la mano a todo hermano ecuatoriano que quiera cambiar nuestro país. Recordemos la frase del Gral. José de San Martin: “Cuando la Patria está en peligro todo está permitido excepto no defenderla”. 
  

De seguir por el camino trazado por Correa, lamentablemente podremos llegar al enfrentamiento entre hermanos. En ese escenario no importa si hay heridos o muertos, solo interesa perennizarse en el poder y mantener su supuesta lucha revolucionaria. ¿Lo permitiremos?

lunes, 29 de junio de 2015

Calentamiento de calles, ¿principio o fin?

Calentamiento de calles,  ¿principio o fin?

Mucho se ha dicho y escrito en Ecuador, estos últimos días, con relación a las convocatorias a las marchas realizadas en la mayoría de las ciudades del país, donde se han lanzado consignas contra el gobierno. También se ha escrito sobre el argumento retórico del gobierno sobre las causas de las mismas.
El malestar social no es protagonizado por uno ni de diez pelagatos, como los califica quienes se quieren perennizar en el poder. Se trata de una marea incontenible de descontentos que comienzan a hacer tambalear las estructuras de la opresión gubernamental.
Pero mi afán no es hacer una apología de las protestas sino más bien tratar de comprender este nuevo término, que hoy llena la boca de varios funcionarios públicos, para justificar lo que ellos llaman un proceso de desestabilización en marcha.
Se trata del “calentamiento de las calles”, como una supuesta estrategia de la oposición para descontextualizar la protesta social. Según el gobierno, eso es ilegal porque afecta a sus intereses y genera un clima de tensión social.  Pero,  ¿es verdaderamente el denominado “calentamiento de calles” una estrategia para desestabilizar al gobierno o simplemente se utiliza este término para descalificar o persuadir a la población de que su derecho a la protesta es ilegal?
El término “calentamiento de calles” nace desde muchos años atrás cuando las sociedades sometidas por gobiernos totalitarios deciden revelarse y salir a protestar amparados en su derecho a la resistencia. Son movilizaciones pacíficas y demostrativas del descontento de un pueblo con los que acaparan el poder, donde piden rectificaciones.
Gran parte de estas estrategias las utilizaron los mismos que hoy las critican para sacar del poder a gobernantes que no cumplían con las aspiraciones de una sociedad: el levantamiento contra los presidentes Jamil Mahuad, Abdala Bucarán y Lucio Gutiérrez. En este último caso, la mayoría del gobierno, incluido el actual presidente, participó en el derrocamiento y salida de quien ostentaba el poder en esos días, utilizando esta estrategia de “calentamiento de calles”. Recordemos las apoteósicas arengas del periodista de Radio La Luna pidiendo al pueblo de Quito salir para derrocar al presidente de ese tiempo. Esas acciones ¿no se encontraban dentro de la definición de “calentamiento de calles” o solo se las denomina así cuando están en contra de las políticas de oprobio del actual gobierno? 

Este término, que se ha hecho popular en el argot político nacional, no representa otra cosa que el temor de los gobernantes al escrutinio público por sus actos o medidas dictatoriales contra quienes los eligieron y a los que juraron defender. Hoy sus mandantes les exigen una rendición de cuentas y el salir a las calles es una forma de rechazo a las medidas antipopulares, es su forma de demostrar descontento. En suma, el término “calentamiento de calles” es la materialización de un rechazo social amparado en su derecho a la resistencia que pregona la actual Constitución del Estado; sin embargo, para quienes ostentan temporalmente el poder es una forma de desestabilización, tal vez recordando sus pasos y acciones cuando calentaban las calles para derrocar a otros presidentes… Un viejo argot popular dice: “No hagas a otro, lo que no quieres que te hagan a ti”.