viernes, 23 de agosto de 2019


La amenaza narco-disidente se reorganiza en la frontera norte.
Mario R. Pazmiño S.

Algunos analistas consideraban que la muerte de Walter Patricio Arizala, alias ‘Guacho’, iba a permitir una relativa estabilidad y la reducción de los índices de inseguridad y violencia que azotaban a los departamentos fronterizos de Nariño y Putumayo en Colombia.
Sin embargo, las estimaciones se contraponen con los escenarios actuales. Ahora existe un reacomodo de las amenazas, del incremento de los combates entre facciones, una presión constante de las Fuerza Pública colombiana contra las estructuras delictivas y un incremento de las actividades de narcotráfico en la frontera colombo-ecuatoriana.
El proceso de paz en Colombia no contribuyó a reducir los niveles de inseguridad, sino más bien facilitó la proliferación de estructuras delictivas que se autodenominaron ‘Disidencias’. Ellos son quienes veían el acuerdo como una amenaza a su actividad de narcotráfico, lo que les dejaba millonarias ganancias. En este esquema del crimen organizado transnacional hace su aparición el grupo Oliver Sinisterra, auspiciado por el Cartel de Sinaloa, de México, quienes pretendían consolidar su control territorial, imponiendo el miedo y la violencia en una de las zonas cocaleras más importantes de Colombia.
Desde el aparecimiento de Oliver Sinisterra se genera una confrontación permanente con otro grupo denominado ‘Guerrillas Unidas del Pacifico’, comandado por alias ‘David’, quien tenía como respaldo al Cartel del Golfo. La lucha fue encarnizada por ganarse el control de las rutas, laboratorios y las plantaciones de coca, estos combates generaron una gran cantidad de muertes civiles, desplazados y una migración importante hacia Ecuador, con las repercusiones socioeconómicas que este fenómeno genera.
Lo que no conocían las autoridades es que en la clandestinidad existía otro actor mucho más astuto y peligroso. Un comandante guerrillero denominado ‘El Contador’, que dio origen a otra disidencia que lleva su alias ‘Los Contadores’ y, que a su vez, controlaba a los grupos Oliver Sinisterra y Las Guerrillas Unidas del Pacífico. ‘El Contador’ es un narcoterrorista mucho más experimentado y que se movía fuera del radar de las autoridades para mantener su negocio ilícito a salvo.
Con la muerte de ‘Guacho’, comandante del Frente Oliver Sinisterra en diciembre del 2018, y de ‘David’, comandante de las Guerrillas Unidas del Pacífico en septiembre del 2018, el grupo ‘Los Contadores’ amplían su control e influencia en el negocio de narcotráfico en el departamento de Nariño. Ellos sirven a los dos carteles mexicanos Cartel de Sinaloa y El Cartel del Golfo. El grupo ‘Los Contadores’ ha incrementado su pie de fuerza para poder mantener su control territorial, se estima que tiene entre 250 y 350 hombres. De hecho, las últimas capturas de explosivos en la frontera colombo-ecuatoriana y de cargamentos de armamento que vienen desde Perú son para mantener el nivel de operatividad de este grupo disidente. 
Esto indica que las amenazas para Ecuador no se han eliminado, ni se han reducido. Los tentáculos siguen ampliando su control territorial y el negocio de narcotráfico. Colombia, a través de la Fuerza de Tarea Conjunta Hércules, continúa ejerciendo una presión constante sobre estas estructuras narco-delictivas empujándolas hacia la frontera con Ecuador. El propósito es sacarlas de su zona de confort y de las plantaciones de coca para poder iniciar la segunda fase de la estrategia antinarcóticos: la fumigación de miles de hectáreas cocaleras.
Por ello, la peor decisión del gobierno de Lenín Moreno sería retirar la Fuerza de Tarea Conjunta ‘Esmeraldas’, que constituye el escudo para nuestra soberanía y garantía de una relativa seguridad en la frontera.

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